"Desgracia" de Coetzee - ¿Cuál fue la desgracia más grande?



¿Cuál fue la desgracia? Esa es la pregunta que terminé haciéndome al acabar de leer esta novela del sudafricano John Maxwell Coetzee, ganador del Nobel de Literatura 2003 por "la brillantez a la hora de analizar la sociedad sudafricana".

Una desgracia se define como “una suerte adversa” o “una situación que produce gran dolor y sufrimiento". Desde la primera acepción, hay momentos en que la vida de David Lurie cambia con giros inesperados, drásticos y adversos. La historia nos mantiene siempre con escenas imprevistas, insospechadas. Se puede decir que toda la vida de nuestro protagonista es una desgracia. Pero, no lo es. No para él. Él no ve que los acontecimientos de su vida sean una suerte adversa. La vida termina siendo así para él fría y vacía porque no siente dolor o sufrimiento por todo lo que le pasó: divorciarse dos veces, ser despedido de la universidad, dejar de seducir a Melanie, exiliarse en el campo, disculparse con la familia Isaac, ser víctima de un humillante asalto, aceptar trabajar con Bew Shaw, dejar inconcluso su proyecto de ópera sobre Byron y su amante Teresa, aceptar el matrimonio de Petrus con Lucy o dejar que muera el perro con el que se encariñó al final. Ninguno de esta suerte adversa le causa dolor y sufrimiento como indica la segunda acepción de desgracia.

Hay unas líneas que pueden indicar el inicio de su desdicha: "Sin los interludios de los jueves (acostarse con Soraya), la semana se torna monótona como el desierto. Hay días en los que ya no sabe qué hacer con su tiempo". Quizá sea esta la causa de todo lo que vendrá después. La imposibilidad de encontrar un sentido a su vida como profesor de literatura. El sinsentido nihilista podría traer una verdadera infelicidad para un hombre amante de las pasiones naturales.

Pero creo que la desgracia se consuma al saber que su hija Lucy acepta resignada las normas establecidas de la vida y conflictos del campo sudafricano, leyes invisibles que perduran como resultado de una sociedad en conflicto producto del apartheid. Ver a su hija Lucy ser tan distinta de él, es su verdadera desgracia. David Lurie, realmente sufre y se manifiesta en su impotencia frente a las decisiones contrarias de su hija. Termina, desgraciadamente, dejando totalmente su vida y su pasión por la ópera. Y acepta, desgraciadamente para él, acompañar a Lucy en la vida del campo. Es metafórico la muerte del perro. Él se ve reflejado en ese perro que él mismo desea que muera ya, no la semana que viene sino hoy. Allí entiende que su vida es una desgracia.


Realmente, impresionante esta novela. Por la historia y el tema que desarrolla: la venganza, el infortunio, la moralidad, el arte, la familia, el honor, los hijos, lo urbano y rural, la muerte en vida. Muestra la sociedad sudafricana y sus conflictos post apartheid. Es curioso encontrar que la vida del campo andino comparte mucho con la sudafricana. Otro cantar es la forma literaria con la que narra J.M. Cootze. Es frío, seco, sin adornos, rápido, serio, firme, sobrio y bello. Lo fantástico es que la narración siempre te atrapa y te lleva por donde el autor quiere que vayas. Te toma de la mano y te va mostrando toda la realidad que puede existir en su país. Es capaz de mostrarte escenas tan distintas de un solo golpe. Te muestra una escena cruda como una violación, luego te hace bailar con la víctima en una fiesta o te lleva imaginariamente a una ópera cantada. Cootze nos muestra la vida así, real. Me gustó mucho la sobriedad que tiene para escribir. Historia triste pero siempre narrada con elegancia a la hora de enfrentar la realidad. Así es la novela de este nobel, novela con la que obtuvo por segunda vez el Premio Booker en 1999, el premio más prestigioso de la lengua inglesa.

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