El libro pertenece a la gran colección de 60 tomos sobre los grandes pensadores de la humanidad que está dirigido por el filósofo español Manuel Cruz. Considero que poseer estos libros ha sido un mérito enorme debido a la calidad de su presentación, a la profundidad y sencillez de su lenguaje. He decidido empezar a escribir mis comentarios sobre este séptimo libro que vengo leyendo debido a que la lectura por sí sola puede enriquecer el pensamiento y abrir las puertas del saber; pero las ideas si no se inmortalizan en un papel, suelen desvanecerse y perderse con el tiempo, lo que perjudicaría al aprendizaje creativo de todo ser humano. Además escribo estos comentarios al mismísimo estilo escolástico, porque como dirían muchos filósofos, “no hay saber si no se guarda lo que se ha comprendido”.
El libro está dividido en tres partes muy bien complementadas. La primera parte nos describe su contexto biográfico, mientras que la segunda presenta un análisis de El Príncipe, obra insignia de nuestro autor. Al estudiar las circunstancias que tuvo que enfrentar en su vida Maquiavelo, el análisis del pensamiento del filósofo no se reduce a la trillada y simplista frase el fin justifica los medios. Esta conclusión se viene desarrollando en ambas partes, pero termina por aclararse en la tercera parte de conclusiones.
¿Qué es importante valorar después de haber leído el libro?
1. La época en que se desenvolvió. Maquiavelo nace en 1469, año en el que Lorenzo de Médici, el Magnífico, asume el poder de Florencia, la ciudad más emblemática del Renacimiento. Más allá de valorar el aporte cultural del mecenazgo de los Médici a la humanidad, comparto la idea de que gracias a este dominio político familiar, la ciudad de Florencia cayó en corrupción. Maquiavelo observa muy bien cómo la corrupción de los banqueros llegó al Gran Consejo y a la Signoria (el ejecutivo era dirigido por el confaloniero). Con este hecho se observa que un mal príncipe no puede tener corrupción dentro de su principado. Más aún si sabe que es tiempo de guerras o enemigos al acecho. El fallido intento de conspiración de la familia Pazzi en contra de los Médicis, le generó a Maquiavelo la idea de que es mejor golpear primero antes de que te golpeen. Quedarse cruzados de brazos esperando que no pase nada, es sinónimo de derrota. Quizá por ello, el libro "El Príncipe" puede titularse también “Cómo estar prevenido frente a los malos”.
2. El impacto de las misiones como diplomático. Al exiliarse la familia Médici de Florencia, Maquiavelo asume el cargo de la Segunda Cancillería de su ciudad lo que lo llevaría a tener contacto directo con reyes, príncipes, papas, emperadores y otros líderes de prestigio. Entre ellos están Savanarola, el profeto indefenso; Soderini el confaloniero florentino; el rey francés Luis XII; el emperador del SIR Maximiliano I; el papa Alejandro VI padre de César Borgia y quien exilio a Julio II, León X el primer papa Médici. Pero definitivamente queda impactado por la personalidad de César Borgia, quien será su modelo de “buen” príncipe por poseer todas las virtudes trascendentales para mantener el Estado firme. Otro líder que conoció fue el papa Julio II, el “Papa guerrero”, de quien aprendió, gracias a la traición que le hizo a César Borgia, que un “buen” príncipe no necesariamente debe cumplir su palabra. De sus contactos con la diplomacia entre Francia, Italia y Alemania va a reforzar ideas importantes: la palabra no basta si no existe detrás el poder de las armas, sólo con armas y un buen ejército propio podrás ser un buen gobernante; la reafirmación de la idea de que es mejor anticiparse al enemigo para mantenerse en el poder en vez de una política indecisa y pasiva; y, la importancia de la virtud del Príncipe sobre la diosa Fortuna.
3. La razón del porqué escribió el príncipe. Una vez que regresaron los Médici al poder, nuestro secretario quedó en el exilio. Su tecnocracia diplomática era famosa e importantísima para el gobierno republicano pero su presencia era una amenaza para un principado (o absolutismo). No obstante, es en ese momento de “libertad” en el que se dedica a escribir su obra más famosa. Al dedicarle el libro a Lorenzo II, se ponía a sus servicios de este nuevo príncipe. Ello para que lo saque del exilio y el infortunio que le estaba tocando vivir. Al mismo tiempo que mostraba su verdadero interés: agradar al gobernante y hacerle notar que aún puede servir en su ciudad. Como veremos, la rapidez con la que escribió su obra nos da pistas de que sólo fue un pretexto para volver a su profesión. Además, creo yo que escribe El Príncipe con la intención de ayudar a que exista un mejor gobierno de su ciudad, una patria unida frente a las amenazas externas. Es decir, se necesitaba un líder maquiavélico que instaure el orden en la Italia del Renacimiento. Este texto lo escribe porque considera que la República no funcionará si previamente no existe orden y concentración de poder. Quizá para entender el verdadero pensamiento de este filósofo, es necesario leer su otro tratado "Discursos sobre la primera década de Tito Livio", donde explica la importancia de una República. Veo que estos dos textos son distintos pero complementarios. El Príncipe fue escrito en seis meses (junio-diciembre 1513) dentro de los tres años (1513-1516) que le tomó escribir los Discursos. En este último explica los ideales republicanos, mientras que en el otro escribe lo que debería hacer un gobernante para que el poder no se vaya.
4. El objetivo del buen Príncipe: mantenerse en el poder. La obra está dedicada a una sola persona, Lorenzo II, nieto del Magnífico, el nuevo Príncipe Médici. Y con ello, el libro recalca la idea de que esta obra está destinada sólo a aquellos pocos hombres que tienen el poder de gobernar. El objetivo del opúsculo es claro, está destinado para aquellos que tienen poder de reinar y quieran conservarlo. Mantener el poder, aquel deseo natural del hombre es el tema central de El Príncipe. Se descarta así que las ideas maquiavélicas se puedan utilizar para otros ámbitos que no sea el de la filosofía política. Así pues, los textos que extrapolan los consejos de Maquiavelo a otras actividades del ser humano cometen un error. Sacar del contexto de la filosofía política “el fin justifica los medios” no es, aparentemente, aceptado por Maquiavelo.
5. La virtud y fortuna. A diferencia del destino trágico o de la predestinación salvadora que genera pasividad, la diosa Fortuna de Maquiavelo no es tan determinante. Esta diosa se encuentra presente siempre en la vida de los seres humanos. Pero sólo tiene un 50% de injerencia en la suerte del Príncipe. La otra mitad la tiene la virtú del buen gobernante. Es como diría Ortega y Gasset el yo y mis circunstancias. Esta “nueva virtud” escapa de la virtud clásica griega y de la virtud cristiana. Esta virtud son un conjunto de características que debe poseer el gobernante para mantener el poder, aun cuando ya lo tenga ganado. Estas nuevas características deben ser flexibles de acuerdo a las sorpresas que traiga la diosa Fortuna. Así pues, debe ser león y zorro en determinados momentos. La fuerza, coraje, orgullo y dureza en algunos momentos y la astucia, el engaño, la hipocresía por otro. La nueva virtud (alejada de principios éticos clásicos o cristianos) del príncipe siempre tiene que estar orientada a mantener el poder. Si un buen príncipe practica estas cualidades estará preparado para dominar a la diosa Fortuna, que en una analogía sexual, siempre es como una mujer caprichosa e imprevisible que se dejará seducir sólo por un hombre que sepa controlar sus movimientos con ímpetu para así poseerla y dominarla. Virtus vince Fortuna, la virtud vence a la fortuna.
6. Los consejos sangrientos. Haber admirado personalmente la grandeza de varios gobernantes poderosos, le hizo dar consejos que hasta el día de hoy resuenan fuertemente en la ética. Quien quiera mantener el poder deberá en algún momento agraviar, herir, causar daños, emplear la violencia, imponer castigos injustos, vengar, traicionar, desconfiar, no dudar en atacar primero, mentir, aparentar, incluso si hay que matar al enemigo, entonces habrá que exterminar a todo su linaje. Todo ello debe hacer el buen príncipe para mantener el poder. Habrá que conseguir a alguien que haga ese trabajo sucio y al mismo tiempo, también éste mercedario debe ser castigado públicamente. Sin embargo, el príncipe no debe verse como un vil despiadado porque de lo contrario el pueblo lo derrocará. Así pues, debe en otros momentos saber ser piadoso, bondadoso, caritativo, etc. La flexibilidad sin reparos éticos para cualquier circunstancia que la diosa Fortuna le traiga, deben conformar el nuevo ideal de virtud. Es mejor ser temido que amado. Porque los que aman siempre son los que más traicionan. Porque hay que generar el temor en los súbditos para que no te traicionen y al mismo tiempo hay que mostrarles amor para que exista la tranquilidad entre el vulgo del principado.
“Y en las acciones de los hombres, y más aún en las de los príncipes, cuando no hay tribunal al que recurrir, lo que cuenta es el fin. Trate por tanto, un príncipe de vencer y conservar el Estado: los medios siempre serán juzgados honrosos y encomiados por todos, pues el vulgo siempre se deja llevar por la apariencia y el resultado final de las cosas, y en el mundo no hay más que vulgo, careciendo los pocos de sitio donde la mayoría tiene donde apoyarse.” El Príncipe, capítulo XVIII.
7. Las consecuencias morales. Es evidente que con Maquiavelo cambiaron las cosas. Instauró la Realpolitik. La filosofía política ya no se basaría en las utópicas formas de gobierno iniciadas desde Platón. El príncipe ya no debe gobernar como “se debería gobernar” porque nunca ha habido un gobernante así. La ética clásica del honor y la ética cristiana de la piedad fueron atacadas directamente por seguir idealizando la figura del buen príncipe que posee y practica todas las virtudes buenas. Con Maquiavelo empezó una mirada distinta, el realismo político, el pragmatismo del poder. Fue la primera vez que se habló de las ansias del poder en los hombres, cosa que estaba oculta como tabú. Fue destapado y empezó a mirarse al hombre pesimistamente. Este ser humano que ahora sólo busca mantenerse en el poder y que necesita los consejos prácticos para hacerlo en vida. Así pues, el Príncipe separa la política de la ética, la política de la religión, la política de otros fines políticos y lo reduce sólo a un solo fin: mantener el poder. No hay duda que a diferencia de los espejos de príncipe como “El príncipe cristiano” de Erasmo de Rotterdam, “El Príncipe” de Maquiavelo fue declarado inmoral en su tiempo, prohibido e inconcebible como tal. Sin embargo, en la realidad actual, sus observaciones, reflexiones y consejos son pan de cada día.
8. El verdadero ideal de Maquiavelo: la República. Aunque parezca contradictorio, nuestro viejo secretario siempre creyó que la República es la mejor forma de gobierno. Ello lo demuestra en su libro "Discursos sobre la primera década de Tito Livio". Como hemos visto, El Príncipe tuvo un destinatario, un objetivo y sólo una intención. Se observa por tanto que Maquiavelo acepta que cuando la República está corrupta y débil, es necesario instaurar un gobierno absoluto, un principado. Este gobierno debe lograr mantener el poder y no perderlo. La obra máxima empieza por detallar que existen dos formas de gobierno, las repúblicas y los principados. De estos últimos existen cuatro tipos: los hereditarios, los eclesiásticos, los mixtos (anexados) y los nuevos principados. El libro está dirigido para estos últimos. Para que, si desean gobernar un nuevo principado, no pierdan el poder. En otras palabras, la finalidad de estos últimos principados debe ser mantener el poder ganado a toda costa. Por tal razón, creo que al ver a Italia desunida y no constituida una monarquía como las otras potencias de la época, Maquiavelo desea que se forme un nuevo principado que reúna a toda Italia. Es decir, la intención práctica de Maquiavelo era que aparezca un gobernante que pueda dar inicio a un futuro reino italiano. Maquiavelo sabía que este unión no nacería desde una república, más aún si los ciudadanos se encuentran desunidos y la política está en crisis y llena de corrupción. Por ello, es necesario, transitar por un período de mano dura para asegurar la paz. Un buen príncipe debe tener la virtud de conservar el poder. Se puede aceptar este gobierno de hierro si más adelante, se transforma en una república.
9. El fin justifica los medios: No podemos reducir el pensamiento de Maquiavelo a esta máxima. Hemos visto que sus reflexiones tienen más análisis que simplemente aceptar tajantemente que todos los medios son válidos para alcanzar el fin. Por ende, primero: no se puede aceptar que se persiga cualquier fin. Maquiavelo limita el fin a sólo mantener el poder (mantenere lo estato). No se persigue otro fin. No es el bien común, no es la gloria, no es el honor, no es la felicidad de todos, no es la educación de sus súbditos o el progreso de un país. Todo ello, queda en un segundo plano. No es posible lograr nada de lo nombrado si no se tiene lo primero: la posesión del poder. Además, ya hemos advertido anteriormente que esto es necesario en tiempos de anarquía, corrupción o en tiempo de un guerra de juego de tronos. Segundo: no se puede aceptar cualquier medio para el último fin. Hay que recordar que Maquiavelo ha roto con la tradición política idealista separando de la ética de la política y con ello se centra en lo que “es el hombre” y no en lo “debería ser”. Por ello este análisis, no se centrará en la moralidad de las acciones sino en la eficacia de la medida que se toma. El libro coloca un ejemplo muy sencillo. Si tu fin es matar una mosca, cualquier medio no siempre será el correcto. Si deseas matar una mosca utilizarías ¿un arsenal de armas, un matamosca o rezarías por media hora? En la respuesta se observa que no todos los medios son aceptables para alcanzar un fin. Maquiavelo se centra entonces en la eficacia del medio. Si el medio es eficaz para alcanzar el fin entonces es bueno. De esta manera, nos demuestra que si un príncipe debe actuar con mano de hierro entonces es válido. Pero esta acción no siempre debe hacerse. Habrán otras ocasiones donde no debe actuar con tal dureza y crueldad porque de lo contrario podría perder el poder. Así mismo sucede con las acciones nobles. Si para mantener el poder debes actuar de manera piadosa, entonces debes hacerlo. Si no actúas caritativamente, entonces podrías perder el poder. Esta flexibilidad de la nueva virtud maquiavélica hace que veamos que no todos los medios son aceptables. No está recomendado ser un vil villano, desalmado y despiadado, ni recomienda ser un líder totalmente piadoso, justo y generoso. Maquiavelo, aconseja abiertamente que hay que aprender a ser malos de la “mejor” manera posible. De toda esta reflexión, se podría afirmar que "el fin no siempre justifica todos los medios". Si los medios no son eficaces entonces no son justificables ni aceptados. Otra reflexión aparte sería, la extrapolación de las ideas maquiavélicas en otros ámbitos del ser humano. Creo que, si alguien se animase a aplicar los principios maquiavélicos a otras realidades, entonces debería tomarse en cuenta que cualquier medio no garantiza siempre el éxito del fin planteado.
10. ¿Amoral o inmoral? Podríamos entregarle el apelativo de “Maquiavelo genio del mal” o “Maquiavelo teórico brillante”, pero dependerá de cuán inmoral o moral nos parece este tema. Primero: si hablamos de la vida de Maquiavelo, no somos nadie para juzgarlo. Segundo: si hablamos de la obra El Príncipe, podríamos decir que no tiene un objeto como un libro en sí mismo no tiene moralidad. Tercero: si nos centramos en los consejos hechos realidad por un hombre, podríamos decir que existe una inmoralidad respecto a las convenciones de dicha época y que hasta el día de hoy es imposible aceptarlo abiertamente. Esta inmoralidad nace porque Maquiavelo aconseja una flexibilidad moral, lo que hoy en día llamamos relativismo moral, y ello conlleva a una inmoralidad bajo la mirada cristiana. Sin embargo, si de los consejos se trata, podemos afirmar que existe una amoralidad porque al actuar como un león o un zorro en determinados momentos, las acciones se transforman en instintos animales (acción-reacción, estímulo-respuesta, ofensa-venganza). Por lo que nos lleva a aceptar la amoralidad de estas acciones. Por otra parte, son inmorales los consejos debido a que el fin en realidad es egoísta porque ayuda a una persona a conservar el poder. No obstante, también se puede hablar de una nueva moralidad creada por Maquiavelo. Al crear un nuevo concepto de virtud las demás acciones cambian la escala de valores previas y produce un cisma en la tradición ética. Bajo esta nueva virtud, sus acciones serían aceptadas moralmente. Pero, al crear una nueva virtud y abrir las puertas del relativismo moral, regresamos a la inmoralidad de sus consejos.
11. Grandes Maquiavelos. La consecuencia de esta forma de pensar es evidente. Muchos filósofos han reconocido los aportes de Maquiavelo debido a que les abrió las puertas a nuevas perspectivas políticas. Nos dice Ignacio Iturralde que Roger Bacon escribió: “estamos en gran deuda con Maquiavelo y otros porque escriben sobre lo que el hombre hace, no sobre lo que debería hacer. No es posible unir la sabiduría viperina con la inocencia de la paloma, a menos que los hombres conozcan exactamente todas las características de la serpiente (…) es decir, la naturaleza y todas las formas del mal. Sin este conocimiento, la virtud se halla expuesta y desguarnecida.” (p. 108). Los ilustrados como Rousseau aseguraron que El Príncipe fue un libro con brillo republicano porque aconsejó a los ciudadanos a estar prevenidos y cómo enfrentar al soberano. El astuto Maquiavelo aparentando agraciar a los reyes regaló a los futuros republicanos las armas para enfrentar un rey totalmente absoluto. Mientras que otros filósofos como Nietzsche, tomó las ideas puras para poder afirmar su teoría del superhombre, asegurando que estos consejos jamás podrán ser aplicados por un hombre porque son divinos. Por otra parte, y hasta el día de hoy, no hay líder político que no haya leído este texto. Podemos apreciar en la historia de la humanidad que existieron muchos presidentes o reyes que han aplicado los consejos de El Príncipe. Hay que rescatar que algunos de ellos se han declarado discípulos abiertamente, como es el caso de Napoleón quién maravillado por el viejo secretario florentino escribió varias anotaciones sobre su maestro. Bonaparte no sólo aceptó las ideas de El Príncipe, sino que las aplicó también. Y aterrizando al Perú, el caso más cercano podría ser el presidente Alberto Fujimori. Que visto desde la perspectiva de esta nueva virtud creada por Maquiavelo, Fujimori se alza con el título de “buen” presidente.
Comentarios sobre el libro de Ignacio Iturralde Blanco (2015) de la Colección Descubrir la Filosofía. Bonalletra Alcompás: España.


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