Pocas veces las apreciaciones
artísticas de la crítica especializada sobre una película coinciden con las apreciaciones
emotivas del público en general. El Joker es una de esas pocas películas que ha
conquistado a ambas partes por igual. Desde su triunfo del León de Oro en el
Festival de Venecia, la película dirigida por Todd Phillips e interpretada por
Joaquin Phoenix, no ha dejado de recibir un sinfín de reseñas positivas a su
favor, alcanzando el calificativo absoluto de obra maestra del séptimo arte. Creo
yo que, después de ser uno de los primeros en ver el estreno de la película en la
madrugada del 3 de octubre, todos los halagos previos que ha recibido a nivel
mundial son justos, ciertos y verdaderos. Incluso, las críticas negativas que hablan
sobre la posibilidad de que la película genere el surgimiento de nuevos
desequilibrados violentos en la sociedad, son totalmente reales. No obstante,
si sólo nos centramos en el arte como tal, entonces Joker pasará a ser una
verdadera joya de nuestros tiempos. ¡Qué gran película tenemos! impactante de
inicio a fin en todo sentido: la actuación soberbia del antihéroe moderno, la música
penetrante que acompaña cada giro de la narración, los admirables planos de
cámara que detallan la complejidad de la psique humana, la aterradora transformación
del personaje y sobre todo el inefable ascenso y triunfo de la locura y el caos
sobre nuestra sociedad. En su conjunto, la película del Guasón es genial,
poderosa, magnífica, asombrosa, inquietante, desequilibrada, cruda, fantástica,
trágica, real, desafiante, increíble, fría, conmovedora, dinámica, apasionante,
terrorífica, hermosa, deliciosa, oscura, agria, encantadora, triste, incómoda,
impresionante y espectacular. Apelando a un diálogo conocido por los fans del universo
DC, afirmo, sin temor a equivocarme, que este Joker es el villano que nos
merecíamos y que sí necesitábamos los cinéfilos de esta civilización
contemporánea.
Pocas veces las apreciaciones
artísticas de la crítica especializada sobre una película coinciden con las apreciaciones
emotivas del público en general. El Joker es una de esas pocas películas que ha
conquistado a ambas partes por igual. Desde su triunfo del León de Oro en el
Festival de Venecia, la película dirigida por Todd Phillips e interpretada por
Joaquin Phoenix, no ha dejado de recibir un sinfín de reseñas positivas a su
favor, alcanzando el calificativo absoluto de obra maestra del séptimo arte. Creo
yo que, después de ser uno de los primeros en ver el estreno de la película en la
madrugada del 3 de octubre, todos los halagos previos que ha recibido a nivel
mundial son justos, ciertos y verdaderos. Incluso, las críticas negativas que hablan
sobre la posibilidad de que la película genere el surgimiento de nuevos
desequilibrados violentos en la sociedad, son totalmente reales. No obstante,
si sólo nos centramos en el arte como tal, entonces Joker pasará a ser una
verdadera joya de nuestros tiempos. ¡Qué gran película tenemos! impactante de
inicio a fin en todo sentido: la actuación soberbia del antihéroe moderno, la música
penetrante que acompaña cada giro de la narración, los admirables planos de
cámara que detallan la complejidad de la psique humana, la aterradora transformación
del personaje y sobre todo el inefable ascenso y triunfo de la locura y el caos
sobre nuestra sociedad. En su conjunto, la película del Guasón es genial,
poderosa, magnífica, asombrosa, inquietante, desequilibrada, cruda, fantástica,
trágica, real, desafiante, increíble, fría, conmovedora, dinámica, apasionante,
terrorífica, hermosa, deliciosa, oscura, agria, encantadora, triste, incómoda,
impresionante y espectacular. Apelando a un diálogo conocido por los fans del universo
DC, afirmo, sin temor a equivocarme, que este Joker es el villano que nos
merecíamos y que sí necesitábamos los cinéfilos de esta civilización
contemporánea.
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