Pichanguita

Solo fueron tres o cuatro veces al "Frigorífico". Venían solo para elaborar el periódico mural del curso de Comunicación que nos habían dejado en el colegio. La miss Pía, nuestra profesora de Comunicación en los primeros años de secundaria, indicó a todo el salón un día: "Van a formar un grupo de 5 personas y elaborarán un periódico mural cada mes". "¿Podemos ser 6?", le preguntamos. "He dicho grupos de 5", nos regañó. "Por favor", le rogamos. "Está bien, pueden ser un grupo de 6". Fuimos felices. Así nació "Impacto", un grupo académico de adolescentes.

No fue fácil decidir el nombre del grupo. Bruno, Robin, Henry, Wally, Piero y yo éramos adolescentes y teníamos más dudas que nombres creativos para elegir. Debido a que quedaba cerca al colegio, fue en la casa de Bruno la primera reunión grupal.
- Nuestro mural tiene que impactar a la miss cuando lo vea. Le tiene que gustar- les dije.
- Sí, tenemos que sorprenderla para que nos apruebe- siguió Piero.
- Entonces, hay que llamarlo "Impacto"- propuso Bruno.
- No sé. Suena chévere, pero no sé- dudaba Wally mientras todos nos mirábamos la cara durante un largo tiempo de silencio.
- Ya mucha vaina, "Impacto" nomás- sentenció Robin.

Con el tiempo Impacto se convirtió en el mejor periódico mural del colegio. Su fama había pasado los límites del segundo de secundaria. La profesora, nuestros compañeros y todos en el colegio esperaban con ansias la nueva publicación mensual. La gente nos preguntaba de dónde salía tanta imaginación para elaborarlo. Teníamos mucha presión porque había que pensar en cómo haríamos la presentación visual, cómo lograríamos el impacto necesario para que atrape la vista de la gente desde lo lejos y los atraiga a acercarse a leer los textos publicados del momento. La fama nos condenó a alimentar de pura creatividad al monstruo que habíamos creado. Y para lograrlo teníamos que esforzarnos más cada mes. Primero era necesario encontrar un lugar donde nazca la imaginación. Por eso, decidimos reunirnos en el "Frigorífico", el trabajo de mi papá. 

El Frigorífico Santa Rosa era una empresa dedicada al almacenamiento de productos en grandes cámaras frigoríficas. Mi tío David era el jefe, mi papá el administrador y mi tío Javier junto a mi tío Augusto ocupaban altos cargos. Era prácticamente mi casa. Cuando no entraban los camiones trailer, era el lugar perfecto para que fluya el talento. Allí teníamos todo lo necesario para poder trabajar: espacios amplios, oficinas, almacenes, áreas verdes, seguridad y tranquilidad. Pero no elegimos el nuevo centro de reunión por todo lo anterior, lo elegimos por su cancha de loza. Era el lugar perfecto para jugar fulbito, el deporte rey. "Después de trabajar nos vamos a jugar pelota", fue la consigna entre nosotros.

Llevábamos como siempre ese enorme pedazo rectangular de madera triplay al Frigorífico. Era doloroso "desvestir" a Impacto cada mes. Teníamos que quitarle su ropa de gala hasta dejarlo desnudo. Creo que a Robin no le daba tanta pena como a Wally y Henry, porque era el primero en romper todo. "Hay que apurarnos para poder jugar pelota", decía Robin.

Mientras armábamos el periódico mural dentro de una oficina donde reinaba el silencio, sentimos que alguien en secreto nos observaba desde la ventana. 
- He visto alguien allí, Cabezón- me dijo asustado Henry.
- ¿Dónde? - le respondí.
- Allí- señaló con su dedo hacia la ventana. 
Y en ese momento se cruzó una sombra corriendo. Todos se asustaron, dejaron los materiales y se fueron corriendo hacia la puerta.
- ¡Están penando! - gritó Wally.
- ¡Qué maricones son, carajo! - les grité.
Eran mis primos Beto, José y David que habían llegado ese día al Frigorífico también. Estaban escondidos detrás de las ventanas. Tenían curiosidad por vernos, pero tenían miedo de acercarse hacia nosotros. Eran muy niños, solo tenían 5 años. Les dije que pasaran para ver lo que estábamos haciendo; pero una vez descubiertos, se fueron corriendo. El susto que nos dieron mis primos sucedió la última vez que fueron al Frigorífico. 

Esa misma tarde acabamos rápido el nuevo Impacto del mes. No lo terminamos rápido por pura genialidad, sino fue por las ganas de querer ir rápido a jugar fulbito. Dejamos el periódico mural cerca de la puerta de la oficina, Robin sacó su pelota crema y nos fuimos corriendo a la cancha. En ese momento aparecieron nuevamente mis primos corriendo atrás de nosotros. 
- Vengan. Vamos a jugar una "pichangüita"- les dijo Bruno a mis primos, mientras ellos se miraban y se reían por lo que habían escuchado.
Ya en la cancha, solo se sentaron a ver. No jugaron. Pero Bruno volvía a insistirles: "Vengan, chicos, vamos a jugar una pichanguita". Y seguían riéndose a carcajadas por esa palabra. Nunca quisieron saber el nombre de Bruno, con "Pichanguita" bastaba. "¡Pichanguita, Pichanguita!", alentaban melodiosamente desde el lugar que estaban sentados cada vez que Bruno tocaba la pelota. En ese entonces, Bruno era muy delgado y el más alto. De todos nosotros, Bruno era el que menos destreza tenía para el fútbol. Él lucía su talento deportivo cuando jugaba por la selección de básquet del colegio. Por esa razón, nos causaba alegría ver cómo mis primos le hacían barra solamente a él. 
- Bien, Paliña. Tienes tu hinchada- se burlaba Henry.
- Hay que darle pase a Bruno para que su barra siga alentándolo- planeaba Piero.
- ¡Pichanguita, Pichanguita!- seguían cantando mis primos.

Resultado de imagen para pichanguitaDurante todo el partido Bruno tuvo una barra incondicional. A pesar de los cánticos que le llegaban de las tribunas por tres niños pequeños, Bruno seguía fallándose los goles. Mis amigos de promoción no creíamos lo que veíamos. Para no decepcionar el aliento de su hinchada, decidimos en secreto que Bruno meta el último gol del partido y el primero en su cuenta personal. Entonces ocurrió la gran jugada que deberá ser guardada en los anales del fútbol. Piero salió jugando desde su arco, se llevó a Wally y le dio pase a Henry. Yo fui a quitarle la pelota a Henry, pero él gritó: "Allí va el centro para Pichanguita". Y lo dejé centrar. Robin se alejó del arco disimuladamente para que Bruno meta el gol planificado. Desde su arco, Piero le gritó: "Cabeza, Bruno, cabeza". Bruno saltó como un "crack" del fútbol moderno, pero saltó antes de tiempo y no empalmó su cabeza con la pelota. Sin embargo, con una maniobra rara, Bruno estiró su pierna derecha, logró golpear el balón y metió gol mientras caía aparatosamente al suelo. Fue mágico, extraño, inolvidable.

Al verlo en el suelo y con los brazos extendidos en señal de victoria, fuimos a celebrar ese gol, tirándonos encima de él uno tras otro y dejando a Bruno aplastado en el suelo. "Buena, Pichanguita", le gritó Piero quien cogió el balón y lo pateó hacia él. "¡Pichanguita, Pichanguita!", se acercaban cantando mis primos a la celebración. "Vengan, láncense", les indicó Henry. Pero en vez de tirarse encima de Bruno, decidieron patearlo en el suelo. Como una lluvia de meteoritos llegaban las patadas al cuerpo de mi amigo. Nosotros nos levantamos rápidamente alejándonos de los suaves puntapiés que caían por doquier. Bruno entró en posición fetal para cubrirse del ataque sorpresivo. Pero no quiso levantarse. Cada patada que recibía era una carcajada para él. No dejaba de reír. "¡Pichanguita, Pichanguita!", cantaban esos duendecillos mientras lo pateaban. Nosotros tampoco dejábamos de reír al ver tal espectáculo. Bruno era extrañamente feliz en el suelo. Él también cantaba "¡Pichanguita, Pichanguita!" mientras recibía un sinfín de puntazos. De repente, cuando decidió levantarse, Beto, José y David dejaron de patearlo y huyeron de la cancha.
- No se vayan, Pinchanguitas. Vuelvan. - les gritaba Bruno reponiéndose del suelo.

Pero se fueron y nunca más volvieron esos niños traviesos. Nos dejaron un gran vacío momentáneo que fue llenado con miles de risotadas que lanzábamos al aire mientras caminábamos hacia la puerta de salida del Frigorífico. Allí al despedirnos, vimos la edición final de Impacto antes de evolucionar a "Sui Generis". "Debemos escribir lo que sucedió hoy con Bruno y publicarlo para que la gente se ría", sugirió Wally. "Sí. Y le ponemos de título Pichanguita", rematé.

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