Tardanza


Imagen relacionada
Eran las 5.30 de la madrugada y de pronto sentí la emoción de correr por el parque que está al frente de mi casa. Llegué a salir. Pero el cielo negro, los faroles que brillaban y una llovizna que rozaba mi rostro me hizo arrepentirme totalmente de mis ganas de hacer deporte para bajar algunos kilos de más. “Mucho frío”, dije. Cerré la puerta, me quité las zapatillas, me eché de nuevo a mi cama y mi frazada cubrió mi cuerpo gélido por el invierno limeño. Junto a mi duerme placenteramente mi celular. Fue este quien se quedó dormido y no cumplió con su deber de cada mañana: despertarme muy temprano para llegar al trabajo a las 7.30 am. Abrí los ojos a las 7:19 am. ¡Demasiado tarde!, tomando en cuenta que la hora de entrada era a las 8, mas aún cuando el viaje demora normalmente 1 hora desde el Callao hasta San Juan de Lurigancho. Pero esa mañana no era un día normal. Había el tan mencionado Paro de Transporte. “Queda claro que llegaré tarde al trabajo”, musité.No podía quedarme echado y muy abrigado en mi cama. Aunque quisiera debía levantarme. Lo hice. Fui hacia mi ventana para ver si el Paro era real. “¿Una combi?, !demonios!”. Prendí la televisión para confirmar mi sospecha. “Bueno, ya llegue tarde”, le dije a mi hermano. El Paro no fue total como la primera vez, que sí perjudico a todos los limeños. Rápidamente entré a ducharme, planché mi ropa, me vestí y me volví a vestir porque el polo amarillo que me puse al principio me pareció que no combinaba con mi chompa naranja. “¿Así? ¡No!, sácatelo Jorge!”.Al fin salí de mi casa cómodamente hacia el paradero. En la esquina están siempre la emolientera y el canillerito.-“Una quinua, por favor”, le pedí a la señora.- “Algún pan”, me preguntó.- “No, gracias”. Saqué de mi maletín negro, que siempre llevo al colegio, dos panes con mantequilla y jamonada que me preparé antes de salir de mi casa. Y me los comí mientras leía el periódico.- “Señora, ¿están pasando las combis que van para Acho?”, le dije para sacarme de la duda.- “Sí, joven”, sentenció.No pasaron ni cinco minutos para que alzara la mano y me subiera a la combi que me trae todos los días al trabajo. Llegué, obviamente tarde. Sin embargo, cuando entré al colegio vi que el portero llevaba todavía muchos carnés de varios profesores que, como yo, seguro llegarían tarde, más de las 9:30 al trabajo.

Comentarios