
Emmanuel Kant, el gigante filósofo, clasificó a los hombres en
aquellos que eran incapaces de servirse de su propio entendimiento sin la guía
de otro y en aquellos hombres que se atreven a saber por su propia cuenta. Los
primeros son menores de edad que necesitan la ayuda de otro para que conozcan
las cosas; mientras los mayores de edad son aquellos que con independencia de
conciencia buscan razones verdaderas para conocer. El siguiente texto está
hecho para esos hombres libres e ilustrados que tienen el valor de usar su
propia razón. Absténgase el lector que defiende las cosas usando falacias ad
populum, ad hominen o ad verecundiam, argumentos que suelen usar los medios de
comunicación para guiarlos en su niñez.
El 14 enero de 2020 el Tribunal Constitucional del Perú sentenció
que la disolución del Congreso del 30 de setiembre de 2019 por parte del
Ejecutivo fue constitucional. La decisión de los 7 magistrados no fue unánime,
fueron 4 votos a favor y 3 en contra. ¿Por qué hubo discrepancias en el máximo
tribunal a la hora de decidir? Argumentar que 3 magistrados defienden un color
político es poseer una infancia intelectual como aquel que argumenta también
que los otros 4 son de otro color político. Si empezamos a desprestigiar a los
magistrados, entonces seguiremos viviendo bajo el dominio de la prensa y su
show mediático. Como el espectáculo que propuso la magistrada Marianella
Ledesma de que el “debate” del Tribunal Constitucional fuese televisado por
primera vez en toda su historia con el argumento de la transparencia. No hubo
debate como tal, solo hubo exposición de cada magistrado sobre su decisión de
voto. Por eso, desprestigiar a la persona que argumenta no conduce a una
respuesta a nuestra pregunta inicial.
Hubo discrepancias porque en nuestro tiempo ha triunfado el
relativismo en todos los campos del ser humano y en este caso, quedó en
evidencia el triunfo del relativismo jurídico. Nietzche decía que no existen
hechos solo interpretaciones. Pues bien, el magistrado Manuel Miranda explicó
brevemente este relativismo cuando usó el ejemplo del concepto “clara” y sus
distintas interpretaciones. Puso en evidencia el relativismo contemporáneo que
reina en todas las esferas humanas: “no hay verdad, no la busquemos juntos”. La
crítica que se le hizo a Alberto Fujimori fue de usar la “interpretación única”, sin
embargo, hoy la balanza está totalmente inclinada al lado opuesto afirmando que
“cada uno tiene su propia interpretación”. Hemos caído nuevamente en otra
dictadura: la dictadura del relativismo. Explicar que el pensamiento único se
esconde en el relativismo como lo viene haciendo este gobierno en el ámbito
educativo sería análisis para otro texto.
El triunfo del relativismo jurídico explica entonces porqué la
votación del Tribunal no fue unánime. Cada magistrado expuso sus razones bien
fundamentadas. Sólo hubo unanimidad en que el congreso anterior no puede
reinstaurarse y que es preciso las nuevas elecciones del 26 de enero. Como
afirmó el magistrado Eloy Espinosa-Saldaña sobre los otros temas, hubo total
discrepancia. Sobre si el Ejecutivo puede plantear cuestión de confianza sin
límites y fuera de su gestión competencial, hay diferencias. Sobre si el primer
ministro puede entrar al Congreso de esa manera y exigir cuestión de confianza,
hay discordancia. Sobre si existe la figura jurídica de la “denegación
fáctica”, hay divergencia. Sobre si la proclamación de la disolución no cumplió
los trámites formales, hay desacuerdos. En todos los puntos que presentó la
ponencia del magistrado Carlos Ramos, hubo oposiciones. Por esa razón, defender
tal posición, no te enaltece ni te da toda la razón, así como defender lo
posición contraria. Si yo estoy totalmente de acuerdo con el magistrado Ernesto
Blume, José Luis Sardón y Augusto Ferrero, no me hace menos que nadie. Mantener
la posición sobre la inconstitucional de la disolución del Congreso no es
defender a corruptos, no es pertenecer a un color político, no es falta de
inteligencia ni nada por el estilo. Razones para seguir defendiéndola hay.
Razones poderosas y suficientes como las que muy bien explicaron los 3
magistrados. Quedará grabada la imagen simbólica para el juicio de la historia
la imagen que acompaña a este texto donde aparecen los tres delante de las
fotos de los grandes magistrados de nuestra historia que los han precedido.
Ahora bien, ¿cómo se resuelven las discrepancias? Pues confiamos,
al igual que muchos sabios, en que la democracia es la mejor manera. La
sentencia del Tribunal Constitucional se resolvió por democracia, el poder de
la mayoría. Fueron 4 votos contra 3. No fue el triunfo de la razón, de lo
correcto, de lo justo ni de la verdad. Fue el triunfo de la mayoría que en ese
momento existía. Nos guste o no, eso es la democracia. Son pocos los que buscan
la verdad en la democracia, casi siempre se vive a espaldas de esta. El respeto
de esta forma de gobierno supone la aceptación de las decisiones que la mayoría
decida. Por eso, las palabras de Pedro Olaechea de aceptar la sentencia dada,
solo lo enaltecen como un verdadero demócrata que, sabiendo que dicho organismo
estaba en su contra, respetó la institución mas no a sus integrantes. Ha sido
verdaderamente un ejemplo de cómo se defienden las instituciones democráticas.
No importa si el que está en ese momento no te dé la razón, lo que importa es
seguir confiando en esa institución democrática. Sabiendo que todo el orden
constitucional se había derrumbado, Olaechea ha fortalecido la democracia
porque confío en el máximo garante constitucional, aunque este no le haya dado
la razón.
Quizá allí esté la diferencia entre un hombre con mayoría de edad
intelectual del hombre con minoría de edad intelectual que hablaba Emmanuel
Kant. Solo los hombres que respetan la democracia pueden vivir en ella,
mientras los que no les gusta las decisiones de la mayoría elegida seguirán
reclamando sin saber perder. La demagogia es la corrupción de la democracia.
Por eso, hay mucha gente que cuando no le agrada las decisiones de la mayoría
elegida promueven las pasiones populares y exigen a gritos que se disuelva un
congreso porque hay malos representantes o que cambien la constitución porque
no les favorece o que se imponga a como dé lugar sus caprichos, por ejemplo. El Ejecutivo interpretó la Constitución a su antojo al disolver el congreso y la llevó al límite donde sabía que tenía la ventaja de sus magistrados. Pero, el Legislativo le enseñó lo que significa respetar las instituciones democráticas llevando su demanda al Tribunal como se debe. Con la decisión del Tribunal Constitucional se ha fortalecido la democracia
peruana. Ojalá que después de las nuevas elecciones congresales, no se pida
otra vez una disolución del congreso bajo el argumento de obstrucción, y se
acepte a esa mayoría y las decisiones que tomen, independientes de si son del
agrado de algunos o no. Eso diferencia al hombre civilizado de la barbarie, el
respeto al orden constitucional establecido.
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