
Desde que es concebido hasta su muerte, el ser humano es una unidad en todos sus aspectos. La división del hombre en dimensión biológica, cognitiva, afectiva, social y espiritual permite explicar las diferentes etapas que ocurren durante el desarrollo humano. Esta definición antropológica ayuda a comprender la sexualidad humana como parte de su personalidad y como un elemento importante de su dignidad humana. Entender su sexualidad desde la biología y vincularla con su parte cognitiva, afectiva, social y, sobre todo, con su dimensión espiritual, nos permite afirmar que: “La sexualidad es un elemento básico de la personalidad, un modo propio de ser, de manifestarse, de comunicarse con los otros, de sentir, expresar y vivir el amor humano. Abraza todos los aspectos de la persona humana. Concierne particularmente a la afectividad, a la capacidad de amar y de procrear y, de manera más general, a la aptitud para establecer vínculos de comunión con otro.”[1] [2]
Desde el plano biológico, la sexualidad se manifiesta desde el momento de la concepción cuando se van configurando la carga genética en la división de cromosomas. El cromosoma 23 es esencial porque determina la identidad sexual del nuevo ser. Si la carga genética es “XX” será mujer; mientras, si es “XY” será hombre. El sexo de la persona está impreso en esta combinación binaria y “está ya definido desde el momento mismo en que el ser humano empieza a ser humano, es decir, que desde ese momento cada ser humano es ya genética o cromosómicamente varón o mujer.” [3] La naturaleza humana sólo acepta dos sexos: mujer y hombre. Son pocos los casos donde suceden algunas alteraciones; sin embargo, la sola presencia del elemento “Y” es determinante a la hora de identificar el sexo. No es posible la presencia de dos sexos en un solo cuerpo. La configuración genética humana no es la misma que la de algunas plantas o animales. Así pues, el término popular “hermafrodita” no puede ser utilizado para la genética del ser humano[4].
La carga genética de la persona se encuentra en el genotipo, mientras que la característica observable o expresión física recae en el fenotipo. En el campo de sexualidad, la identidad sexual XX o XY, se manifiesta en los órganos sexuales femeninos como el útero, los ovarios, la vagina, las trompas de Falopio; y en los órganos sexuales masculinos como el pene, el escroto, los testículos, la próstata. Desde su concepción las diferencias físicas sexuales entre las mujeres y los varones están determinadas por su genotipo. Sin embargo, aproximadamente a la edad de 10 a 13 años, estos órganos sexuales comienzan a modificar su fisiología. La glándula pituitaria, ubicada en el cerebelo, estimula que los ovarios produzcan hormonas llamadas estrógenos, y los testículos produzcan hormonas llamadas testosterona. Además, esta glándula activa la ovulación en las mujeres que da inicio al ciclo menstrual. Tanto los estrógenos en las mujeres y las testosteronas en los hombres son los causantes de los cambios físicos de la pubertad. En las mujeres: la aparición de acné, el crecimiento de vello axilar y púbico, el olor corporal, el ensanchamiento de las caderas y crecimiento de los senos. En los varones: aparición de acné, el crecimiento del vello axilar, púbico y facial, la prominencia de la laringe, cambio de timbre de voz, el olor corporal, el crecimiento del pene y los testículos. En este punto, es necesario considerar que las hormonas sexuales segregadas motivan también la atracción por el sexo opuesto.[5]
El inicio de la adolescencia, conocida como pubertad, es una época de fuertes cambios que desestabilizan la unidad de las dimensiones de la persona. Durante estos años, estas dimensiones van estabilizándose hasta formar la personalidad. Es necesario, entonces, encontrar nuevamente la unidad del ser en todas sus dimensiones y la coherencia entre ellas. Una correcta educación de la sexualidad en esta etapa será fundamental para el desarrollo integral del adolescente. En esta educación se debe explicar los vínculos coherentes que existen entre todas sus dimensiones, es decir, hacerle entender que los cambios afectivos o sociales están relacionados a la dimensión biológica, o que la dimensión biológica tiene una fisiología propia que debe estar relacionada a la dimensión espiritual de la persona. Reducir la sexualidad a una sólo dimensión es no mostrarle a la persona la apertura que tiene el ser humano a la trascendencia.
Por eso, la antropología católica que logra “conservar la estructura de toda la persona humana, en la que destacan los valores de la inteligencia, voluntad, conciencia y fraternidad”[7] , no reduce al hombre a una sólo dimensión, sino que integra todas y le da una finalidad única: “por haber sido hecho a imagen de Dios, el ser humano tiene la dignidad de persona; no es solamente algo (dimensión física), sino alguien que es capaz de conocerse (dimensión cognitiva), de poseerse y de darse libremente (dimensión afectiva) y entrar en comunión con otras personas (dimensión social): y es llamado, por la gracia, a una alianza con su Creador, a ofrecerle una respuesta de fe y de amor (dimensión trascendental) que ningún otro ser puede dar en su lugar”[8]. En ese sentido, la dignidad de la persona es un elemento esencial en la sexualidad humana porque permite entender las diferencias que caracteriza a los hombres y las mujeres: “El hombre y la mujer están hechos ‘el uno para el otro’: no que Dios los haya hecho ‘a medias’ o ‘incompletos’; los ha creado para una comunión de personas, en la que cada uno puede ser ‘ayuda’ para el otro porque son a la vez iguales en cuanto personas y complementarios en cuanto a masculino y femenino”[9]. Por eso: “corresponde a cada uno, hombre y mujer, reconocer y aceptar su identidad sexual. La diferencia y la complementariedad físicas, morales y espirituales, están orientadas a los bienes del matrimonio y al desarrollo de la vida familiar. La armonía de la pareja humana y de la sociedad depende en parte de la manera en que son vividas entre los sexos la complementariedad, la necesidad y el apoyo mutuos”.[10]

Para una correcta “educación sexual”[11], es necesario discernir sobre algunas definiciones contemporáneas[12] que encierran la sexualidad al ámbito individual o reducen la unidad de la persona humana quitando los conceptos de dignidad y complementariedad entre hombre y mujer, y separa la sexualidad humana de la finalidad para la cual fue dada: la castidad y el estar abiertos al amor para la vida en matrimonio.[13]
La castidad significa la integración lograda de la sexualidad en la persona. La persona casta mantiene la integridad de las fuerzas de vida y de amor depositadas en ella. Esta integridad asegura la unidad de la persona; se opone a todo comportamiento que la pueda lesionar (lujuria, masturbación, pornografía). De esta manera, una adecuada sexualidad requiere de la castidad, tanto de hombre como de las mujeres, porque la castidad se expresa especialmente en la amistad con el prójimo. Desarrollada entre personas del mismo sexo o de sexos distintos, la amistad representa un gran bien para todos. [14]
La sexualidad está ordenada al amor conyugal del hombre y de la mujer. En el matrimonio, la intimidad corporal de los esposos viene a ser un signo y una garantía de comunión espiritual. Los actos con los que los esposos se unen íntima y castamente entre sí no son puramente biológicos; sino, son honestos y dignos, y, realizados de modo verdaderamente humano, significan y fomentan la recíproca donación, con la que se enriquecen mutuamente con alegría y gratitud. La sexualidad es fuente de alegría y de agrado.[15]
Estas nociones fundamentales sobre la sexualidad humana pertenecen a un conjunto “de principios y normas que la Iglesia ha transmitido siempre en su enseñanza sin la menor duda, aunque las opiniones y las costumbres del mundo se opusieran a ellas. Estos principios y estas normas no deben, en modo alguno, su origen a un tipo particular de cultura, sino al conocimiento de la ley divina y de la naturaleza humana. Por lo tanto, no se los puede considerar como caducados, ni cabe ponerlos en duda bajo pretexto de una situación cultural nueva”[16].
[1] Pontificio Consejo para la familia (1995). Sexualidad Humana: Verdad y Significado. Orientaciones educativas en la familia. (10 y 13) Recuperado de: http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/family/documents/rc_pc_family_doc_08121995_human-sexuality_sp.html
[2] “El sexto mandamiento”, Catecismo de la Iglesia Católica, 2332.
[3] Trevijano, Pedro (2017). “Biología del sexo”. InfoCatolica. Recuperado de: http://www.infocatolica.com/?t=opinion&cod=29126
[4] G. Krob, A. Braun, U. Kuhnle (1994). Verdadero hermafroditismo: distribución geográfica, hallazgos clínicos, cromosomas e histología gonadal. Revista Europea de Pediatría. Volumen 153, Número 1 , pp 2–10. Recuperado de: https://doi.org/10.1007/BF02000779
[5] Sociedad de San Pablo. (2016). “Hombre y mujer” en Desarrollo Personal, Ciudadanía y Cívica I. Lima: San Pablo. pp. 28-35.
[6] Sociedad de San Pablo. (2016). “Identidad Sexual” en Desarrollo Personal, Ciudadanía y Cívica I. Lima: San Pablo. pp. 40-47.
[7] Constitución Pastoral Gaudium et Spes. (1965) Sobre la Iglesia en el mundo actual. GS, 61. Recuperado de: http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html
[8] “El Hombre”, Catecismo de la Iglesia Católica, 357.
[9] “El uno para el otro, unidad de dos”, Catecismo de la Iglesia Católica, 372.
[10] “Hombre y mujer los creó”, Catecismo de la Iglesia Católica, 2333.
[11] Cfr. Aciprensa (2018), La enseñanza de la iglesia católica sobre la educación sexual según Familiaris Consortio, 37. Recuperado de: https://www.aciprensa.com/Familia/edusex1.htm
[12] Definición de la sexualidad según la OMS: “Un aspecto central del ser humano, presente a lo largo de su vida. Abarca al sexo, las identidades y los papeles de género, el erotismo, el placer, la intimidad, la reproducción y la orientación sexual. Se vivencia y se expresa a través de pensamientos, fantasías, deseos, creencias, actitudes, valores, conductas, prácticas, papeles y relaciones interpersonales. La sexualidad puede incluir todas estas dimensiones, no obstante, no todas ellas se vivencian o se expresan siempre.” Organización Mundial de Salud (2000). Promoción de salud sexual. Recuperado de:http://www1.paho.org/Spanish/AD/FCH/AI/salud_sexual.pdf
[13] Cfr. Pontificio Consejo para la familia (1995). Sexualidad Humana: Verdad y Significado. Orientaciones educativas en la familia. Recuperado de: http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/family/documents/rc_pc_family_doc_08121995_human-sexuality_sp.html
[14] Cfr. “La vocación de la castidad”. Catecismo de la Iglesia Católica, 2337 – 2356.
[15] Cfr. “El amor de los esposos”. Catecismo de la Iglesia Católica, 2360 – 2362.
[16] Cfr. Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe. (1975). Declaración acerca de ciertas cuestiones de ética sexual, 5. Recuperado de: http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_19751229_persona-humana_sp.html#_ftn1
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