El "gato encerrado" en las elecciones peruanas

“El gato de Schrödinger” es la paradoja más popular de la física cuántica para explicar la superposición cuántica, es decir, la posibilidad de que dos estados opuestos existan simultáneamente. El experimento mental, propuesto por el nobel austríaco Erwin Schrödinger en 1935, presenta a un gato hipotético dentro de una caja sellada junto a un veneno que se activa con un detector de electrones. Si disparamos al azar una partícula de electrón puede suceder dos cosas: a) el detector capta el electrón, activa el veneno y el gato muere, o, b) el detector no capta el electrón, el veneno no se activa y el gato sigue vivo. Sin embargo, ocurre que, en el mundo cuántico, el electrón disparado es partícula (como bala de pistola) y onda (como ola de mar) al mismo tiempo. Esto generaría que el detector active el veneno y no lo active simultáneamente, y por ende, nos llevaría a afirmar que, en escala atómica, el gato está vivo y muerto al mismo tiempo.

La física cuántica desafía más nuestro sentido común, si agregamos que esa realidad (la superposición cuántica) no ocurre cuando existe “un observador”, es decir, que si alguien “observa” el experimento y decide abrir la caja ocurrirá que solo veremos al gato vivo o muerto, nunca ambas opciones juntas. El sistema cuántico se rompe en ese momento, la realidad se define por una de las opciones. Este proceso de tránsito de la realidad cuántica a nuestra realidad clásica se llama “decoherencia”, y es la responsable de que veamos el mundo tal y como lo conocemos. Es decir, una única realidad.

Hoy, increíblemente, resulta necesario aclararle a la gente que vivimos en una única realidad y no en el mundo cuántico. Por eso, en estos tiempos tan oscuros de elecciones generales, los peruanos no podemos vivir con dos realidades al mismo tiempo. Algunos afirman que “no hubo fraude” y otros afirman que “sí hubo fraude”. Cada grupo está convencido de su realidad. Lo cierto es que la única solución a esta crisis es abrir la caja sellada y “ver” si el gato está vivo o muerto. Pero resulta que los encargados de abrir esa caja no están cumpliendo con su deber constitucional. Negarse a revisar los padrones para verificar la cantidad de votantes, anular votos en contra de uno y a favor de otro en lugares estratégicos para cambiar la voluntad popular, y no aceptar una auditoría internacional, solo genera la sospecha de que hay un “gato encerrado” en estas últimas elecciones presidenciales.

Parece ser que, los que hoy nos gobiernan y tienen el deber de garantizar transparencia y tranquilidad a los peruanos, no quieren abrir esa “caja de pandora” porque saben muy bien que se destruiría su falso discurso de legitimidad hacia el nuevo presidente que quieren imponernos.

 

Nunca se pudo comprobar ni refutar el fraude porque el JNE nunca quiso abrir la caja, es decir, ver los padrones y planillones.

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